Acuerdo marco de la profesión farmacéutica: ¿otro brindis al sol?

1331911384-edit-af2Hace cinco años los responsables del ministerio de Sanidad se comprometieron a preparar un plan global para impulsar la atención farmacéutica y el seguimiento farmacoterapéutico por parte de los farmacéuticos, así como a establecer programas de formación y de desarrollo profesional, creando de esta forma una nueva cultura asistencial que iba a dar un papel cada vez más relevante a la farmacia.

No fue la primera vez ni la última que se hacían solemnes y grandilocuentes promesas. Podemos remontarnos doce años atrás, cuando la ministra Celia Villalobos, durante el proceso de elaboración de la Ley de Coordinación, anunció que en breve iba a ponerse en marcha una tarjeta sanitaria única para todos los usuarios del Sistema Nacional de Salud, vinculada además a un historial clínico también único con el fin de facilitar la asistencia en cualquier parte de España. Fue en 2002. Y seguimos esperando.

Acaba de presentarse el Acuerdo Marco de la Profesión Farmacéutica, firmado el pasado mes de noviembre entre el ministerio de Sanidad y el Consejo General de Colegios de Farmacéuticos. El documento se articula en tres áreas temáticas sobre las que acordar iniciativas y expresa la necesidad de “avanzar hacia una farmacia comunitaria asistencial y sostenible”.

Toda una declaración de deseos y de buenas intenciones que en base a la historia reciente cuesta creer que pueda llegar a traducirse en un verdadero impulso para la oficina de farmacia de nuestro país, en beneficio de los pacientes. Porque, veamos, ¿cuál ha sido hasta ahora la realidad del sector? Pues sí, en efecto, lo han adivinado: recortes y más recortes.

Tan sólo los cuatro últimos reales decretos han determinado una pérdida de la cuarta parte del mercado de medicamentos financiados, lo que ha supuesto un recorte de 3.000 millones de euros. Y además, durante los dos últimos años el margen neto de la farmacia se ha reducido un 25 por ciento.

De este modo, por enésima vez los farmacéuticos han visto cómo se incumplían las promesas de aprovechar más sus capacidades, de ampliar sus competencias y su integración en el sistema. Han tenido que sufrir además el recorte de sus ingresos, viéndose obligados a ajustar el personal y teniendo que soportar una mayor carga de trabajo. Es decir, no sólo no ha mejorado su situación, sino que se ha deteriorado de un modo alarmante.

Ante semejante panorama cuesta no ser escéptico al oír hablar de planes de futuro y de mejora de la profesión en los términos en los que lo hace el Acuerdo Marco. Especialmente si no sabemos cuándo se nos presentará el plan, con el detalle de las iniciativas a poner en marcha, los medios a emplear y los plazos previstos para ello. Por el momento sólo conocemos las ideas. Pero para que haya resultados se necesitan acciones.

Con todo, lo más necesario en estos momentos, no sólo para la farmacia, sino para todo el sector farmacéutico, es que se ofrezca un marco estable y predecible que garantice su viabilidad, permitiendo un verdadero desarrollo de la farmacia asistencial. Los farmacéuticos a través de sus representantes ya han demostrado reiteradamente su disponibilidad y firme convicción. Nuestro sistema sanitario podría sacar mayor provecho de la magnifica accesibilidad que ofrece la red de oficinas de farmacia y de la alta capacitación de sus profesionales.

En definitiva, si deseamos que esto no quede una vez más en otro brindis al sol, lo único que hace falta es que, con independencia de cuál sea su color, quienes tienen la responsabilidad de gobernar hagan gala de una vez por todas de la suficiente voluntad política, liderazgo y coraje para alcanzar acuerdos y adoptar las medidas precisas que hagan realidad las promesas tantas veces anunciadas e hasta ahora incumplidas.

 

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