Anorexia, cómo actuar y no juzgar

Como ya sabemos una oficina de farmacia siempre debe emanar profesionalidad y dentro de esta responsabilidad hallamos en alto grado la sensibilidad hacia las situaciones personales de cada uno y una de nuestros pacientes. La personalización del trato y de nuestros consejos sanitarios son una competencia más a demostrar en todo momento para cumplir con este acompañamiento.

Para ello, debemos empezar por entender que la anorexia es un trastorno de la conducta hacia los alimentos cuya base se puede resumir en miedo a aumentar de peso lo que, colateralmente, provoca una distorsión de su autoimagen. Esta distorsión nos lleva a observar desde fuera conductas peligrosas como la reducción hasta lo imposible de la ingesta de alimentos, el mentir, y el llegar incluso a rechazar los líquidos.

Para conseguir su constante objetivo, las personas con anorexia exageran otras conductas como puede ser el practicar ejercicio físico de forma poco moderada, usar purgantes y laxantes, etc.

La anorexia puede llegar a desembocar en un subtipo bulímico relacionado con atracones y vómitos posteriores a la ingesta, incluso aunque se hayan ingerido pequeñísimas cantidades de alimento o líquido.

Cómo podemos suponer las afectaciones metabólicas, físicas y emocionales son intensas y es más vital que nunca contar con conductas de apoyo a su alrededor.

Para poder aplicar nuestro soporte y consejo profesional nos es útil conocer algunos datos de esta afectación:

  • Es mucho más frecuente entre personas de clase media y media-alta,
  • Es más frecuente en mujeres,
  • La edad media de inicio del trastorno ronda los 12 años, aunque muchas personas lo padecen entre los 14 y los 18 años (últimamente están apareciendo significativamente muchos casos de mujeres adultas y niños y hombres).

Cabe especificar que en el caso masculino, los tratamientos son más difíciles de implementar ya que se trata de personas menos juzgadas por su aspecto y se tarda mucho más en obtener un diagnóstico.

En general, se ha hablado mucho de la influencia social y presión del entorno en el origen de este trastorno, aunque no debemos olvidar que estudios recientes nos hablan de una cierta predisposición física.

Al inicio es difícil advertir los signos, ya que cada persona es diferente, pero las claves de alarma a la larga son:

  • Aspecto delgado
  • Mareos o desmayos
  • Pérdida de cabello
  • Insomnio
  • Fatiga
  • Pelusa en el cuerpo
  • Piel seca o amarillenta
  • Intolerancia al frío
  • Erosión dental
  • Pigmentación azulada en los dedos de las manos
  • Presión arterial baja
  • Hinchazón en extremidades
  • Ausencia de menstruación
  • Deshidratación
  • Callos en los nudillos por provocar vómitos

Y en cuanto a conductas:

  • Evitar comer en público
  • Negar el hambre
  • Mentir
  • Mirarse continuamente en el espejo buscando defectos
  • Irritabilidad
  • Cubrirse con mucha ropa

En estas situaciones lo que no hacer es tan importante como lo que sí hacer. Deberemos evitar activamente la victimización y castigo de nuestros pacientes, a través de un tono de voz natural y no pater/maternalista, o evitar sugerir que debe y no debe comer o practicar.

Nuestra competencia más valorada será la comprensión. El tratamiento es largo, puede generar problemas psicológicos secundarios y la ayuda profesional es imprescindible.

Uno de los mayores retos es que la persona admita tener un problema, por ello evitaremos conversaciones sobre dietas y aspecto físico. Al igual que evitaremos ejercer presión sobre su rendimiento académico o laboral con nuestras preguntas sociales.

En definitiva, las personas con anorexia necesitan comprender que la perfección no existe, y para ello necesitan un proceso terapéutico probablemente largo en dónde se sientan acompañados por alguien de forma tolerante y centrada.

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