Ayudar al paciente a disminuir los factores de riesgo

Nuestros pacientes con problemas de salud precisan de un plan de intervención multifactorial. Por norma general nuestros consejos irán dirigidos a las buenas prácticas del tratamiento de la enfermedad, pero también deberemos enfocarlos hacia los posibles factores de riesgo que influencian a la misma.

Esta doble función, se basa en la evidencia científica de qué los trastornos referentes al estado de ánimo y la ansiedad pueden ser las psicopatologías más frecuentes que acompañen a una persona con una enfermedad inesperada, crónica o desconocida. Enfrentarse a ciertos diagnósticos nos conecta con una situación difícil para el paciente y que puede influenciar en su desarrollo a través de su entorno inmediato. Malestar emocional, desconocimiento del futuro, problemas de comunicación, impacto de la enfermedad en la rutina y funciones del día a día de la persona pueden verse afectadas.

Un estado de ansiedad, estrés o depresión aumentan considerablemente los factores de riesgo de la enfermedad principal. Diversos estudios nos muestran como el sistema inmunológico reacciona directamente a estímulos estresantes y éste sistema está claramente relacionado con enfermedades como el cáncer.

Cuidar nuestro bienestar psicológico es “vitaminizar” nuestro cuerpo para enfrentarse a la patología.

En la oficina de farmacia parte de este trabajo es ayudar al paciente con nuestros consejos para disminuir al máximo los factores de riesgo que influyen activamente en el desarrollo de la enfermedad. Nuestro objetivo será el de colaborar en el mantenimiento de una buena calidad de vida. Y el eje principal de este trabajo versará sobre el apoyo social y familiar del que debe nutrirse la persona. Aconsejaremos rodearse de relaciones positivas y dejarse ayudar en lo más básico para destinar la energía a lo más importante.

Desde nuestra influencia profesional trabajaremos, aún más si cabe, la comunicación efectiva. El trato humano es indispensable, ofrecer información clara y sencilla, dejar que la persona exprese su preocupación, repetir las veces que haga falta la información con ejemplos prácticos y en general dar soporte al enfermo y a las personas que lo acompañan. Afrontar un diagnóstico es difícil ya que comporta aceptar muchos cambios en el estilo de vida, preocupación por los más allegados, etc. El apoyo en estos instantes de shock irá dirigido ayudar a las personas a expresar sus dudas para normalizar la situación.

Una vez el paciente conviva con el tratamiento deberemos aconsejar sobre cómo sobrellevar los efectos secundarios y sobre cómo valorar los pros y los contras de posibles decisiones que afecten a su vida.

Y no nos olvidemos del paso final, volver a la normalidad también puede ser un momento muy complicado. El miedo a recaer será el factor menos comprendido por su entorno y en el que será imprescindible ahondar en nuestro apoyo para suplir esta posible incomprensión.

No obstante, desgraciadamente, en determinados casos el miedo se convertirá en realidad y la enfermedad avanzará duramente. Para nuestros pacientes en este estado, su pensamiento podrá estar muy ocupado en su familia y en su paso por la vida. Una conversación sobre las cosas buenas que ha experimentado y todo aquello que podido aportar a su entorno, ayudarán a calmar su tensión y ordenar sus ideas.

Los factores personales de un paciente pueden y deben ser positivos sí sabemos gestionarlos y así evitaremos que se conviertan en factores de riesgo.

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