El farmacéutico y la cronicidad: de las palabras a la acción

Según el doctor Charles Safran (Universidad de Harvard), el recurso más infrautilizado del sistema sanitario es el paciente. Y tras él, el farmacéutico comunitario, podríamos añadir. Precisamente a ello pretende responder la Declaración de Córdoba, presentada durante el XIX Congreso Nacional Farmacéutico. En ella se hace un llamamiento a la participación de la farmacia comunitaria en el ámbito sociosanitario, en colaboración con el resto de profesionales de la sanidad.

Este importante reto impregna también el Acuerdo Marco de la Profesión Farmacéutica, suscrito hace más de un año entre el ministerio de Sanidad y el Consejo General de Colegios de Farmacéuticos y cuya materialización lamentablemente sigue aún pendiente. Y es que tras varias legislaturas no hemos logrado avanzar más allá de las declaraciones grandilocuentes, las expresiones solemnes y las buenas intenciones y seguimos sin hacer realidad tan noble y necesaria tarea.

Con el paso del tiempo la situación se ha ido agravando y la puesta en práctica de esta esperada reforma se ha vuelto todavía más acuciante. El número de pacientes crónicos en España sigue en aumento y supera ya los 20 millones de personas. Más del 70 por ciento de las personas mayores de 65 años presenta alguna patología crónica. De este modo la cronicidad se ha convertido en uno de los principales retos a los que debe hacer frente nuestro sistema sanitario.

Las enfermedades crónicas no sólo constituyen un problema sanitario de primera magnitud, sino también conllevan una importante carga social y económica. Su impacto asistencial es considerable ya que son la farmacéutico y cronicidadcausa del 80 por ciento de las consultas en atención primaria, del 60 por ciento de los episodios de ingreso hospitalario y del 70 por ciento del gasto sanitario.

Una estrategia de atención al paciente crónico de alto rendimiento pasa entre otras medidas por un modelo de atención integrada y multidisciplinar en el que el farmacéutico comunitario puede y debe jugar un papel clave. En coordinación con los equipos de atención primaria y los especialistas médicos, el impacto potencial que puede ejercer la actuación de este profesional es enorme.

Sus conocimientos y proximidad a los pacientes le otorgan una posición privilegiada en la realización de labores de prevención y educación, soporte de la autogestión, apoyo al autocuidado, seguimiento de tratamientos, prevención de problemas relacionados con la medicación, mejora de la adherencia o conciliación de tratamientos en la transferencia entre niveles asistenciales.

Pero para que la participación de las oficinas de farmacia sea sostenible es preciso fijar una remuneración que compense el esfuerzo económico en recursos y tiempo y que aporte una rentabilidad razonable. Es hora, pues, de que los responsables políticos demuestren que se creen sus propios discursos y pasen de las palabras a los hechos, articulando aquellas medidas que se considere oportunas y dotando de recursos suficientes para llevarlo a la práctica. Por ahora la realidad demuestra que vamos en la dirección contraria.

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