La gestión de una crisis de ansiedad

Reacción equilibrada, toma de decisiones consciente, calma, superar situaciones difíciles… Todas estas reacciones que hemos experimentado en algún momento de nuestra vida no tienen por qué ser la tónica habitual. Una situación de estrés crónico o puntual puede desembocar en una crisis de ansiedad.

Un ataque de ansiedad es como la propia expresión indica, un momento de aparición brusca de ciertos síntomas nerviosos.

A nivel físico es muy probable que la reconozcamos por la sensación de ahogo, sudoración, mareos que podrían llegar al aturdimiento o desmayo, palpitaciones, calores o todo lo contrario, escalofríos, temblores, dolor de estómago y de pecho… A nivel cognitivo sentiremos miedo, agobio e incluso una situación de temor tan fuerte que, en casos puntuales, podría llegar al suicidio.

La ansiedad en sí misma es un tema serio al que hay que hacerle frente, pero no debemos olvidar que en el fondo somos nosotros/as mismos reaccionando fuertemente a situaciones que nos superan o evitamos enfrentarnos directamente. Hablamos de un sistema de alerta; y como tal debemos revisar nuestros sensores y nuestra reelaboración de la situación para valorar si estamos comprometiendo nuestra salud a largo plazo.

Cuando una persona sufre de ataques de ansiedad, aparte del trabajo a aplicar durante y después de la crisis, el profesional de farmacia deberá recomendar un chequeo médico para descartar problemas de tiroides.

Cuando la prevención de la crisis no es suficiente deberemos actuar e incidir en los aspectos físicos y mentales que la delatan. Un buen consejero de la salud debe saber que trabajar ante un ataque de ansiedad ayuda a reducir la intensidad de futuros ataques e incluso puede prevenir su aparición.

Consejos para llevar a cabo durante la crisis:

Para reducir la fuerte sensación de agobio y las reacciones de hiperventilación aconsejamos trabajar directamente la respiración abdominal o diafragmática del siguiente modo:

  • Inspirar por la nariz lentamente hasta hinchar el estómago y expirar durante algunos segundos centrándonos en como sale el aire por nuestra boca.
  • Así permitiremos más entrada de aire en los pulmones, reduciremos la taquicardia y sensación de ahogo, y segregaremos acetilcolina que es un tranquilizante natural.
  • En el proceso de inspirar, podemos poco a poco introducir un segundo paso. Podemos empezar a contener el aire durante una pequeña pausa.
  • Preventivamente podemos practicar ejercicios de respiraciones durante 10 minutos diarios.

Para gestionar nuestra concentración desviaremos nuestros pensamientos hacia otros temas más sencillos. Para ello podemos practicar diversas actividades:

  • Escoger una frase, como de si un mantra se tratara, “es una crisis ya pasará , “ya has sobrevivido otras veces”, “tú puedes”.
  • Pasar a la acción, pensar ¿qué puedes hacer en ese momento? Y narrarlo “Voy a sentarme…” o utilizar para ello una tarea distractora (cantar, leer en voz alta, contar de 3 en 3, gritar stop, pellizcarse…)

Y sobre todo deberemos evitar alimentar la situación con obligaciones que no podemos cumplir.

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