La impresión 3D de medicamentos

Hace algo más de tres años los medicamentos fabricados mediante impresión 3D se hicieron realidad. En 2015 la FDA aprobó Spritam (levetiracetam, anticonvulsivo), el primer producto farmacéutico producido mediante esta tecnología. En ese momento, se anunció como el inicio de una transformación tecnológica que conllevaría cambios muy profundos en la industria.

El principal beneficio que ofrece Spritam es su rápida dispersión oral debido ya que su estructura impresa en 3D es muy porosa. Aunque en este caso específico esto es una ventaja (medicación de emergencia), en la eficacia del tratamiento farmacológico en sí la mejora es mínima. Tal vez por ello el medicamento no ha tenido el éxito esperado y su fabricante, adquirido el pasado año por un grupo de genéricos, ha decidido ofrecer acuerdos de licencia.

Según los expertos, seleccionando la tecnología adecuada de impresión 3D ya es posible producir un medicamento que contenga cualquier tipo de principio activo. Para ello se han desarrollado diversas técnicas (modelo por deposición fundida, fusión de capa de polvo, estereolitografía…). Lógicamente las moléculas que pueden comportar una mayor exigencia son las biológicas, pues habitualmente son más lábiles a las altas temperaturas u otras condiciones extremas.

La forma del medicamento impreso es un factor que puede llegar a ser muy importante. Así se ha experimentado con pastillas que tienen diferentes formas, como pirámides, cilindros, unicornios, fresas o estrellas de mar, lo que puede facilitar la administración a un niño, o puede modificar la velocidad de liberación del fármaco, ya que ésta es más rápida cuanto mayor es la superficie de contacto, lo que debe se debe tener en cuenta.

Una de las ventajas de la impresión 3D es que permite dosificar la cantidad precisa, según las características del paciente y producir una forma que facilite la deglución en aquellas personas que puedan presentar dificultades para deglutir. Asimismo puede ser una alternativa ideal para la elaboración de formulaciones de medicamentos huérfanos.

Para pacientes pluripatológicos se están ensayando píldoras impresas en 3D en la que se combinan múltiples ingredientes activos para diferentes enfermedades. Se buscan diseños en formato multicapa, en los que cada capa libera de forma controlada y precisa un único principio activo. La composición y la secuencia de liberación pueden diseñarse a medida de cada persona. De este modo bastaría con administrar una única píldora al paciente para cubrir sus necesidades diarias de medicación.

En la actualidad, muchos médicos consideran la impresión en 3D de medicamentos personalizados como un avance deseado, aunque todavía la ven bastante lejos. Aún no están acostumbrados a esta tecnología y en ocasiones se muestran bastante escépticos, lo que hasta cierto punto resulta comprensible.

Por el momento, ni siquiera los factores de tiempo y coste son favorables para la impresión en 3D. La tecnología no es más barata que la comprimidora tradicional. Sin embargo, la principal ventaja de la impresión en 3D está en la personalización de las dosis. De modo que a medida que crezca esta necesidad, el interés por la impresión 3D será cada vez mayor.

Si bien puede estar aún muy lejos el día en que podamos recibir en nuestro e-mail una prescripción y a continuación imprimamos el medicamento en casa, parece haber cierto consenso en que en un plazo de cinco a diez años podría ser una realidad en hospitales y farmacias, con la finalidad inicial de producir medicamentos a medida de determinados tipos de pacientes.

En la actualidad, uno de los mayores retos de la impresión 3D de medicamentos no es la tecnología en sí, sino el marco legal. Eventualmente éste se deberá adaptar para aceptar la impresión como un método de fabricación alternativo. Para ello, los proveedores de esta tecnología deberán demostrar a los legisladores su seguridad y viabilidad.

Aunque la impresión en 3D podría llegar a tener un impacto muy positivo en la forma en que se producen y distribuyen algunos medicamentos y en la eficacia de algunos tratamientos, en estos momentos la seguridad y un desarrollo normativo adecuado deberían encabezar la lista de prioridades de los gobiernos.

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