Tiempos de des-desinformación

Si hasta hace poco las farmacias centrábamos nuestra actividad online en crear una imagen alegre de nuestra empresa (o de uno mismo), subiendo vídeos entre risas, fotos posando con productos y frases optimistas aderezadas con algún chiste, ahora toca ponernos serios. Estamos viviendo una situación, de índole principalmente sanitaria, sin precedentes, y hay que adaptarse y ocupar nuestro papel como sanitarios. Las circunstancias con las que, desafortunadamente, nos ha tocado lidiar han precipitado una serie de cambios en todos los aspectos de nuestras vidas y por ello debemos adaptar nuestro comportamiento: dentro y fuera de la farmacia. También en las redes sociales.

Nuestro público también ha cambiado: si hace unos meses la población buscaba en internet información sanitaria por curiosidad, ahora la busca por desesperación “Cómo hacer gel desinfectante en casa”, “cómo hacer tu propia mascarilla con una sábana”, “cada cuánto hay que lavarse las manos…”, se están convirtiendo en búsquedas frecuentes del usuario promedio.

A medida que avanza esta epidemia se toman unas medidas determinadas: lo que hoy funciona, mañana ya no; y al revés. Esto genera, y con razón, cierta confusión entre una población desesperada, cada vez más proclive en rellenar esas dudas con información de dudosa calidad: cadenas de Whatsapp, audios del director médico de algún hospital, infusiones mágicas a base de té y ajo que espantan al coronavirus (y a cualquiera, la verdad)… vivimos bombardeados por rumores, información a medias o mentiras descaradas, que mucha gente no es capaz de “filtrar”.

La farmacia debe convertirse en una fuente fiable de información para el paciente: una autoridad sanitaria a la que acuda en caso de duda relacionada con la salud. Para ello debemos ser rigurosos a la hora de compartir información. Es nuestro deber profesional tanto estar informados por fuentes oficiales de los últimos avances, como aprender a identificar y desmentir la información falsa que le está llegando a nuestros pacientes por diferentes vías.  Para identificar estos falsos rumores sólo necesitaremos echar un ojo al “chat de la familia” o de los amigos, que suelen ser una fuente inagotable de bulos. Cuando alguien comparta una noticia “sospechosa” (por ejemplo: que prometa una cura instantánea o producto milagro), debemos ser críticos y contrastar la información (buscando estudios, por ejemplo) y desmentirla. Pero no sólo en ese grupo de Whatsapp.

Este proceso tan sencillo de des-desinformarción, al que he bautizado “Antes de compartir, párate a pensar”, es aplicable a nuestra farmacia (física y virtual): cuando identifiques un bulo intenta desengañar a la gente. En el mostrador podemos comunicarnos fácilmente y explicárselo a quien surja, pero en redes sociales podemos elaborar material para llegar a más público y convertirnos en un centro de referencia: colgar una explicación (o adaptar un estudio para que se entienda) explicando por qué no funciona una solución, o explicando cómo llevar a cabo una medida sanitaria nueva, o cómo utilizar material sanitario, puede ayudarnos a ocupar el lugar de comunicadores sanitarios que nos merecemos. Si queremos llegar a más público debemos proporcionar lo que más se solicita: información “a la última”, pero, sobre todo, real.

Guillermo Martín Melgar

Autor de @FarmaEnfurecida

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